La sequía terminó.

Para todos los que somos aficionados de la NFL, la sequía de partidos terminó.

Esta semana es la primera jornada de la pretemporada. Son muchos los cambios que hay en todos los equipos, por lo que difícilmente verán acción los titulares. Y eso no es nuevo. Así a sido siempre.  Pero para mí, hay un ejemplo claro de “desastre a la vista”. Los delfines de Miami.
 
Ayer fue su primer juego en contra de los halcones de Atlanta y lo que vi no me gustó nada.
 
Para la mala suerte de quienes somos sus aficionados, tienen dos troncos en la posición de Mariscal de campo: Fitzpatrick y Rosen (el tercer Mariscal es tan x que ni siquiera se quién es). El primero lo único que tiene es un buen equipo de publicidad y mercadotecnia, pues es apodado “Fitzmagic”, algo completamente irónico tomando en cuenta su calidad de bulto en el emparrillado. 

Rosen es un novato que tiene que madurar. Así las cosas, él tiene un pretexto para jugar mal. ¿Cuál es el pretexto del otro tronco? Que es un pésimo jugador. Así de fácil. No en vano en tipo ha jugado en el 25% de los equipos de la liga. Si fuese bueno en su posición, no andaría como judío errante. 

La línea ofensiva tiene más hoyos que una coladera y la defensa no es mala, es lo que le sigue. Rescatables los receptores y la secundaria; pero muy, muy, muy a nuestro pesar; lo mejor de los delfines de Miami siguen siendo las porristas. 











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